Bali firma la hipoteca verde

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Un funcionario de Naciones Unidas, que trabaja en el área medioambiental de la ONU desde hace dos décadas, contaba una anécdota a finales de noviembre, antes de marcharse a la Conferencia de Bali: Casi todos los acuerdos históricos para luchar contra la contaminación se alcanzan de madrugada. Al menos, ésa es la percepción que le queda a buena parte de la humanidad, independientemente de la hora que sea en el lugar donde se clausura una cumbre del clima. Parece como si las fuerzas diplomáticas sólo fueran capaces de alumbrar pactos a altas horas de la noche.

El acuerdo suscrito en Nusa Dua (Indonesia) también llegó de madrugada al mundo occidental. La Conferencia Internacional de la ONU se cerró el pasado sábado con un documento, ya bautizado como Hoja de Ruta de Bali, algo así como una agenda imprescindible para los 187 países que se han comprometido a diseñar un nuevo pacto de lucha contra el cambio climático aplicable a partir de 2012. En ese año, caduca el Protocolo de Kioto, un acuerdo internacional que impone un recorte mundial del 5,2% de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2012, frente a los niveles de 1990. En teoría, gracias a Bali, un nuevo tratado tendrá que ver la luz dentro de dos años.

La Hoja de Bali es histórica porque ha logrado dos socios de lujo para llevar adelante las negociaciones en torno a Kioto II: Estados Unidos, la única potencia mundial que se negó a suscribir el Protocolo de Kioto; y un grupo de países en vías de desarrollo, que se antojan actores principales de la nueva película económica internacional, entre ellos, China, India, Indonesia, Brasil y Pakistán (hasta ahora, todos ellos vivían al margen del universo Kioto).

Efecto político


El pacto alcanzado en Nusa Dua tiene derivadas diplomáticas, económicas y empresariales. Desde el punto de vista de las relaciones políticas, Estados Unidos, que inauguró la Cumbre de Bali exigiendo la exclusión de cualquier negociación en torno a un objetivo cuantificado de recorte de las emisiones, ha admitido entrar en el futuro Kioto II. A priori, parece una buena noticia, al menos, para garantizar una reglas de mercado comunes para las industrias de todo el mundo y para eliminar las desigualdades competitivas que las empresas sufren en la actualidad. Con el marco actual, por ejemplo, las cementeras españolas tienen que competir con rivales asiáticos que producen con costes menores y sin tener que ajustarse a ninguna exigencia de reducción de emisiones. Mientras, las refinerías de petróleo europeas se ven las caras en los contratos internacionales con competidores estadounidenses no sujetos a los mismos topes contaminantes.

Sin embargo, la entrada de EEUU en el futuro acuerdo verde internacional también puede hipotecar el alumbramiento de un Kioto II que resulte realmente útil para luchar contra los gases de efecto invernadero. Por ahora, la Unión Europea, convertida en líder ecológico de la diplomacia internacional y que proponía un recorte de entre el 25% y el 40% de las emisiones frente a 1990, tuvo que realizar en Bali su primera concesión: admitir que la hoja de ruta que saliera de esa reunión no incluyera ningún objetivo cuantificado de reducción de los gases. Si no, hubiese sido inviable el apoyo de EEUU, China e India.

Bolsa de CO2


¿Es posible llegar a un protocolo internacional que contente a la vez a George W. Bush, la UE y los variopintos países en desarrollo? Parece complicado y, si para convencer a EEUU o China hay que aligerar tanto el acuerdo internacional que el recorte de la contaminación se centre en un objetivo irrisorio, puede ser un poco inútil la negociación, señala un bróker del mercado europeo de dióxido de carbono (CO2).

A este parqué, instaurado por Bruselas en 2005 para que las industrias europeas intercambien derechos de emisión para ajustarse a unas cuotas de CO2 asignadas por sus gobiernos, también le afecta la Hoja de Ruta de Bali. El acuerdo del pasado sábado puede resultar en la práctica su seguro de vida. Sujeto a una fuerte volatilidad y repleto de incertidumbres, este mercado está a punto de inaugurar su segundo periodo el próximo 1 de enero. De momento, tiene asegurada su existencia hasta 2012; después, todo depende de Kioto.

El derecho de emisión cerró el pasado viernes a 22,65 euros por tonelada. Es el precio al que las eléctricas (en España, inmersas en una batalla legal con el Gobierno por el reciente decretazo del CO2 que les exige descontarse de sus cuentas la asignación gratuita de emisiones recibida) y las industrias europeas pueden hacerse con créditos de este gas, a través de contratos que tienen como fecha de entrega diciembre de 2008. Sin embargo, la tonelada de CO2 ha conocido precios dispares en su andadura por el parqué: desde los casi cero euros hasta los 30.

No sólo esta bolsa estaba pendiente de Bali estos días. Muchos otros negocios miraban hacia Indonesia para realizar sus previsiones estratégicas: desde los consultores y bróker especializados en la bolsa europea a las empresas emisoras de CO2 y los grupos energéticos de energías renovables, con actores españoles como Iberdrola y Acciona a la cabeza.

Para estos últimos, la lucha contra el cambio climático es uno de sus ejes estratégicos. En un contexto de elevados precios del petróleo, el viento, el sol y los residuos forestales se convierten en unos curiosos combustibles. Las renovables son posiblemente, imprescindibles, pero también incapaces de atender a una demanda energética que sigue creciendo al calor del progreso económico y del avance del uso de las telecomunicaciones. La semana pasada, los dos principales sindicatos españoles UGT y CCOO) se mostraron dispuestos a abrir el debate nuclear, esa energía que sigue causando recelos entre la población y continúa pendiente de encontrar la solución perfecta para los residuos radiactivos (su principal problema ambiental), pero que es el mejor aliado para Kioto y sus sucesores, por no emitir gases de efecto invernadero.

Mientras, con Al Gore como el mejor instrumento de márketing mundial, el debate sobre el cambio climático se multiplica en la calle. Porque para la sociedad, que cada vez habla con mayor soltura sobre el CO2, también está dedicada la Hoja de Ruta de Bali. Sólo falta saber si los gobiernos, con sus diplomáticos y la ONU como instrumento negociador, sabrán imaginar un futuro realista para la lucha contra el cambio climático.

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