Claves para negociar en Bali

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(Abc).- Los ministros están a punto de aterrizar en Bali para cerrar las negociaciones que desde el pasado día 3 intentan perfilar en la Cumbre del Clima el régimen futuro de lucha contra el cambio climático. El miércoles comienza el tramo ministerial de esta cita que debe cerrar el «mandato de negociación» que permita disponer de un nuevo protocolo en el año 2009.

El empujón dado al proceso por el anuncio de la ratificación de Kioto por parte de Australia -por lo que supone dejar a Estados Unidos solo en su rechazo a este tratado internacional y también por la demostración de que un cambio de gobierno, ante las próximas elecciones presidenciales en ese país, puede suponer un vuelco en las políticas ambientales-, ha insuflado algo de optimismo a las delegaciones de los países desarrollados que están cumpliendo con su compromiso de Kioto y que no quieren verse solas de nuevo ante el desafío de nuevos y más ambiciosos objetivos de reducción. En esta cumbre se espera avanzar en varias cuestiones clave.

Objetivos de futuro


El pasado mes de agosto en Viena, las 176 partes del protocolo de Kioto reconocieron oficialmente que para evitar las predicciones más catastróficas realizadas por los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que incluyen sequías más frecuentes y severas y una merma en la disponibilidad de los recursos hídricos en muchas partes del mundo, era necesario que los países industrializados redujeran las emisiones contaminantes entre un 25 y un 40 por ciento por debajo de los niveles de 1990.

Esta horquilla ha servido de referencia para la negociación de estos días, aunque lo cierto es que nadie espera que de esta cita salgan unos objetivos fijados, sino un calendario para conseguirlo en 2008. No obstante, sí se espera que uno de los temas centrales del debate sea el criterio que se seguirá para fijar esos futuros objetivos.

Así, España defenderá el principio de equidad, basado en las responsabilidades comunes pero diferenciadas. Esto es, que los objetivos de reducción se fijen teniendo en cuenta las emisiones per cápita (para los sectores difusos: transportes y residencial) y las emisiones por unidad de PIB para las actividades económicas e industriales. Esto beneficiaría a nuestro país, pues, por ejemplo, nuestras emisiones per cápita están por debajo de la media europea, y nos permitiría enfrentarnos mejor a la meta de 2020. Pero también haría más fácil que algunas economías emergentes, como México o China, aceptaran compromisos, sean voluntarios o no. Y es que aunque China sea junto con Estados Unidos el mayor contaminador del planeta, sus emisiones per cápita son de 3,5 toneladas al año, frente a las 20 de un estadounidense o las 10 de un europeo.

Los impactos del cambio climático ya se están observando en el planeta, siendo los países en desarrollo y las comunidades más pobres las que previsiblemente se enfrentarán al embate más severo. Por eso, los delegados discutirán las formas de promover acciones reales y prácticas de adaptación. Sin embargo, en este punto los países de la OPEP, con Arabia Saudí a la cabeza, intentan obtener compensaciones por la futura caída en el uso de petróleo.

Petróleo


La intención de Arabia Saudí es que se incentiven formas para que los países exportadores de petróleo puedan adaptarse a los efectos que tendrá en su economía el descenso del consumo de crudo, como consecuencia del abandono de los combustibles fósiles o su sustitución progresiva por fuentes de energía renovables para que los países industrializados puedan cumplir con Kioto.

Pero el hecho de que esta propuesta se plantee en el marco de la adaptación al cambio climático, que fundamentalmente se basa en articular medidas que ayuden a los países en vías de desarrollo a reducir sus emisiones, por ejemplo, a través de la transferencia de tecnologías limpias, no es considerada de recibo por parte de los países con objetivo de reducción. Estos piensan que Arabia Saudí se aprovecha de pertenecer al grupo de estos países en vías de desarrollo (el G77 más China) para pedir lo que ya nadie duda en llamar medidas de compensación. Y es que este país reviste su postura con la de otros que son mucho más pobres y que sí que necesitan dinero para su desarrollo, como Indonesia o Nigeria. Un disfraz al que en esta ocasión ayuda la propuesta de Sudáfrica de tener en cuenta «los efectos no esperados».

Para llevar adelante estas acciones de adaptación es necesario que los países se pongan de acuerdo en quién debe gestionar el fondo creado a tal efecto. El Fondo de Adaptación se nutre de un porcentaje sobre las transacciones de reducciones certificadas de emisiones que generan las inversiones en Mecanismos de Desarrollo Limpio (un país desarrollado invierte en otro en desarrollo con un proyecto limpio, y se descuenta la contaminación que evita de su cuenta de emisiones). Los países en desarrollo defienden que al ser ellos los anfitriones del proyecto son recursos propios, pero la UE, por ejemplo, no está de acuerdo, pues quien paga ese fondo son los países desarrollados. Para desbloquear su puesta en marcha, deben acordarse los criterios de financiación.

Tecnología


Bajo la Convención Marco de la ONU contra el Cambio Climático, los países industrializados están obligados a promover, facilitar y financiar la transferencia de tecnologías limpias y el conocimiento sobre éstas a los países en desarrollo para que puedan reducir sus emisiones.

Se espera que en la cita de Bali se decida extender hasta 2012 el trabajo de un grupo de expertos que busquen formas más innovadoras de financiación, incluyendo una mayor presencia del sector privado. Uno de los escollos para la negociación en este punto está en que los países en desarrollo quieren que se dejen algunas patentes abiertas, algo que rechaza Estados Unidos.

Deforestación


Pero en esta reunión los países en desarrollo también tendrán que cumplir su parte. Así, estos países deberán evitar la deforestación, que supone alrededor de un 20% de las emisiones globales, pero que en el caso de algunos países en desarrollo alcanza hasta el 60% de sus emisiones. Este fenómeno es sobre todo el resultado de «despejar» las tierras para la agricultura. Las emisiones procedentes de la deforestación no están recogidas en el protocolo de Kioto, pero lo que se pretende es que en el régimen futuro se incluyan incentivos para evitar la deforestación. Esta propuesta fue presentada en la Cumbre de Montreal (2005) y se espera que sea aprobada en Bali. Asimismo, se prevé aprobar una metodología que permita estimar mejor estas emisiones.

Almacenamiento de CO2


De acuerdo con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, la aplicación a gran escala de la captura y almacenamiento de carbono puede reducir los costes de mitigación del cambio climático en un 20%. Se trata de capturar mediante dispositivos especiales el CO2 emitido e inyectarlo en el subsuelo, por ejemplo, en yacimientos agotados de petróleo y gas -formaciones geológicas gigantes y selladas pues han contenido esos fluidos durante millones de años-, en capas de carbón inexplotables y en formaciones salinas profundas, con una capacidad de almacenamiento muy grande.

De lo que se trata en esta reunión es de introducir los créditos obtenidos por la captura y almacenamiento de carbono en el Mecanismo de Desarrollo Limpio, para que así un país pueda descontarse emisiones de su cuenta. Para Teresa Ribera, directora de la Oficina Española de Cambio Climático, «la captura y almacenamiento de CO2 puede contribuir a reducir los costes de estabilización de la concentración de dióxido de carbono en un 30% o más». El almacenamiento en formaciones geológicas puede llegar a suponer del 15 al 55% del total de la reducción de emisiones requeridas hasta el año 2100 para poder estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Países como Noruega, Canadá, Australia y Japón -pioneros en esta tecnología-, así como países africanos receptores de la misma, como Nigeria y Argelia, defienden la importancia de aceptar estos proyectos dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio.

«Puerta falsa»


Este tema es bastante controvertido y a él se oponen los ecologistas por suponer otra «puerta falsa» para rebajar la cuenta de emisiones sin una reducción efectiva. Y es que no deja de ser como esconder la basura debajo de la alfombra.

Aunque esta tecnología no estará disponible a gran escala hasta después de 2020, el IPCC estima que el potencial de almacenamiento geológico alcanzará entre 2,6 y 4,9 gigatoneladas anuales de CO2 antes de 2020, y entre 4,7 y 37,5 antes de 2050. En España, la Península tiene potencial para almacenar al menos 50 gigatoneladas de CO2, según el Instituto Geológico y Minero. Por eso, la delegación española, con la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, al frente, apoyará esta tecnología «como una opción complementaria allí donde las energías renovables no lleguen».

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