Frente a un gasto diario de 1.000 millones de euros en importación de petróleo, Europa debe reconocer la necesidad de una mayor eficiencia de los coches

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Durante la celebración del primer día del Consejo Europeo ha quedado patente la ruptura de opiniones entre sus representantes sobre cómo solucionar el impacto del incesante crecimiento del precio del petróleo. Tras el nuevo récord del crudo a 138$ por barril, la Unión Europea (UE) se enfrenta ahora a superar otro límite que parecía infranqueable: cada día gasta más de 1.000 millones de euros en importación de crudo. De esta cifra, 400 millones de euros se emplean, cada día, en petróleo para el carburante que se "quema" en los coches.

En la actualidad, la industria del automóvil europea aporta unos 300 millones de euros diarios de "valor añadido". Esto significa que el valor económico que ésta aporta es bastante menor que el dinero que se emplea para hacer que los coches europeos se muevan.

"La competitividad europea, al contrario de lo que dice la industria automovilística, se verá fuertemente afectada por su dependencia del petróleo si no actúa con urgencia para reducir su consumo y, por lo tanto, sus emisiones de CO2", -ha declarado Sara Pizzinato, responsable de la campaña de Transporte de Greenpeace.

Al mismo tiempo, el pasado 9 de junio, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, llegaron a un acuerdo que minará la efectividad de la primera herramienta de la UE en discusión en el Parlamento Europeo que podría reducir de forma obligatoria de las emisiones de CO2 de los coches que se vendan en Europa. Si este acuerdo llegara a imponerse, la herramienta en estudio más potente para reducir emisiones de los turismos, se transformaría en un retraso de otros siete años del acuerdo voluntario que la industria firmó en 1996, con el objetivo de 140 g/km para 2008. El pacto Merkel-Sarkozy significaría una reducción a 138 g/km para 2015 en lugar de 2008, algo que ya deberían haber cumplido de forma voluntaria.

"No es posible que por un lado se hable del problema del petróleo y por otra aceptar que, por favorecer a la industria automovilística, se primen los coches más derrochadores, frente a la emergencia del cambio climático" -ha añadido Pizzinato.

Greenpeace pide al Consejo Europeo que tome una decisión firme que deje claro que Europa no está gobernada por los intereses de la industria y que tome una posición firme en materia de eficiencia en el transporte para enfrentarse al cambio climático apostando por una economía independiente del petróleo.

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