La cara oscura del turismo

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Europa Press, Madrid .- El estudio, realizado por la experta María Dolores López, del Departamento de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam, señala así que el turismo "no es una panacea" y hace un llamamiento a gobiernos, empresas y consumidores para conseguir un turismo "sostenible y comprometido con el desarrollo", ya que esta industria "puede promover el avance de los países pobres a través de la creación de empleo, la generación de divisas y el crecimiento económico".

Sin embargo --añade-- "cuando las empresas turísticas anteponenlos beneficios rápidos a las inversiones responsables, aprovechándose de la debilidad de los gobiernos e instituciones locales, las consecuencias sociales y ambientales pueden ser muy negativas". Utilizando el ejemplo de las inversiones españoles en República Dominicana, esta investigación propone un modelo sostenible de desarrollo turístico a largo plazo "en el que todos salgan beneficiados".

República Dominicana es ejemplo de estos 'contrastes' entre riqueza y pobreza. El turismo en este país es el sector que más ingresos aporta a la economía nacional, constituyendo el 7% del PIB en 2003. Su clima, junto con la calidad y belleza de sus playas, ha facilitado el desarrollo de una creciente industria turística que cuenta con unas 61.500 habitaciones, lo que le otorga la mayor capacidad hotelera del Caribe.

Sin embargo, estas ganancias "no han revertido en la lucha contra la pobreza", como demuestra el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que cita Intermón en su informe y que pone de manifiesto que el país retrocedió ocho puestos en la clasificación del Indice de Desarrollo Humano pasando de la posición 87 a la 94.

El modelo exportado allí, y a la zona del Caribe en general, por las grandes cadenas hoteleras españolas --el 'Todo Incluido'--, no es, a juicio de esta experta, el mejor modelo para que parte de la riqueza de esta actividad se quede en el país, ya que --aunque fácil de vender porque los precios son muy razonables-- el turista encuentra en el resort o complejo al que acude todo lo que puede necesitar durante sus vacaciones. Mientras, la isla continúa con las carencias de infraestructuras y servicios que ya tenía y la empresa se beneficia del bajo precio del terreno para construir grandes instalaciones y de mano de obra más barata que en España.

El estudio de Intermón Oxfam recalca que la "estrategia institucional del gobierno dominicano en materia de turismo, junto al deseo de expansión voraz de los inversores, ha acarreado, con la complicidad incuestionable de la gran mayoría de los hoteleros, un número importante de impactos y consecuencias negativas que permiten calificar su actividad hotelera como lesiva y excluyente".

El informe reconoce por contra que, en muchas ocasiones, las materias primas para sostener los servicios del complejo hotelero se adquieren en el mercado local --a excepción de las que es necesario importar por no existir allí-- y los salarios de los empleados locales en esos resort son de media más altos que los del país.

Medidas propuestas.


Ante esta situación, Intermón Oxfam propone una serie de medidas que permitan alcanzar un modelo sostenible de desarrollo turístico a largo plazo en el que todos los agentes implicados salgan beneficiados.

Por un lado, los países en desarrollo "deben establecer políticas de planificación que aborden el turismo como herramienta de lucha contra la pobreza, y establecer sistemas que permitan un equilibrio entre la protección de recursos naturales y ecosistemas, maximizando la participación de las comunidades en el desarrollo turístico con una política de incentivos para atraer inversiones extranjeras que no perjudiquen el desarrollo sostenible del país".

Por su parte, los países del Norte "deben fomentar entre sus empresas la adhesión a los principales instrumentos internacionales sobre turismo sostenible, como el Código Etico mundial para el Turismo o el Código de Conducta Contra el Turismo Sexual Infantil, que, aunque carecen de valor vinculante, "sí indican el camino que los Estados y operadores privados de este sector han de seguir de cara a hacer de la industria turística una industria sostenible".

Además de adherirse y respetar estas normas, las empresas turísticas deben comprometerse con la realización de una política madura de RSC, y asumir y garantizar el cumplimiento de estándares internacionales en materia laboral, ambiental y de Derechos Humanos. Igualmente importante es que los países emisores de turistas "eduquen a sus ciudadanos de forma que adquieran hábitos de comportamiento respetuosos, que no dañen el entorno ni produzcan explotación".

En cualquier caso, agrega el estudio, la responsabilidad social corporativa de todas estas empresas del sector hotelero que salen de nuestro país para invertir en otros "va unida a su internacionalización y, por lo tanto, traspasa fronteras, afectando al conjunto de la actividad allí donde ésta tenga lugar". Esa RSC "debe marcar una forma responsable de trabajar con el país y con las poblaciones locales, a través de programas de RSC maduros quedejaran atrás otros de carácter básicamente filantrópicos, más propios de fases iniciales de RSC", añade.

Viajar es algo más.


"Viajar es una experiencia mucho más amplia y profunda de lo que pueda parecer", alerta el informe. Los ciudadanos que viajan tienen una importante responsabilidad a la hora de contribuir a un modelo turístico más sostenible, y son muchas las cosas que pueden hacer: la 'base: la solidaridad y la responsabilidad.

Para ello, es importante "abrirse a las culturas y tradiciones distintas, respetando la diversidad, los Derechos Humanos y denunciar cualquier forma de explotación que los vulnere, especialmente el turismo sexual infantil", además de ayudar a conservar el entorno natural, no comprando, por ejemplo, productos elaborados a partir de plantas o animales en peligro; respetar los recursos naturales y el patrimonio artístico; comprar artesanía y productos locales para apoyar la economía local; o evitar los comportamientos que puedan ofender a la población local.

El turismo es, después del tráfico de armas, el mayor negocio a escala internacional, por encima de la industria automovilística o petrolera, siendo responsable del 11% del PIB mundial.

Es, además, una industria que experimenta índices de crecimiento superiores en los países pobres y constituye la primera fuente de ingresos en divisas en los 50 países menos desarrollados, a pesar de que la participación de estos en la industria turística mundial sea aún muy pequeña, con apenas un 0,4% del total en el año 1996.

En la actualidad, en 11 de los 12 países en los que se localiza el 80% de la población más pobre del mundo, es decir, personas que subsisten con menos de un dólar al día , la actividad turística se ha convertido en su principal fuente de riqueza. En paralelo, las previsiones de la Organización Mundial del Turismo (OMT) apuntan a un número de viajeros superior a los 1.000 millones en 2010, cifra que se incrementará hasta los 1.600 millones en 2020.

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