Más de la mitad de los españoles sufren dolencias por la contaminación acústica

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Insomnio, ansiedad, falta de concentración o de comprensión, irritabilidad, estrés y debilitamiento del sistema inmunológico son las más comunes según se desprende de un estudio sociológico llevado a cabo por el Colegio de Ingenieros Técnicos de Telecomunicaciones (CITT).

La encuesta, realizada entre 800 ciudadanos de grandes ciudades españolas, ha sido presentada ante la celebración el miércoles del Día
Internacional contra el Ruido, una de las contaminaciones ambientales que más perturba la vida de los ciudadanos del planeta. Un estudio de la OCDE sitúa a España como el segundo país más ruidoso del mundo, detrás de Japón.

El ruido es percibido por los ciudadanos como una alteración importante en su vida en el 85% de los casos. La mayoría de los encuestados señalan el tráfico rodado como el mayor causante de la contaminación acústica, aunque también señalan al ruido vinculado a actividades nocturnas de ocio como muy molesto.

A esta contaminación van dirigidas el 37% de las denuncias de los vecinos por esta causa. Tan sólo un 6% son contra el tráfico, al que los españoles perciben un mal inevitable de las grandes ciudades.

La contaminación acústica está regulada en nuestro país por tres normativas. Las ordenanzas municipales y autonómicas, la Ley del Ruido de 2003 y el Código Técnico de la Edificación, de 2006, que sólo tendrá aplicación en la vivienda nueva y sólo dentro de los edificios.

El CITT manifestó ayer su disconformidad en parte con esta última regulación, que no contempla medidas antirruido en el exterior, dónde se produce una gran parte del mismo y es posible aplicar medidas paliativas.

El CITT considera que la aplicación de la Ley del Ruido se encuentra muy retrasada, puesto que en 2007 se debían haber completado los mapas del ruido de todas las ciudades de más de 250.000 personas, y para el 2012 los de las urbes de más de 100.000 habitantes.

La directora del estudio, Ana Peñaranda afirmó rotundamente que «el ruido no produce enfermedad», pero añadió inmediatamente que provoca que «el cuerpo aumente la producción de adrenalina y otras hormonas, lo que eleva el estrés y debilita el sistema inmunitario, por lo que aumenta la probabilidad de enfermedades, entre ellas los infartos de miocardio».

Pese a ser identificado por una gran mayoría de ciudadanos como el origen de numerosos problemas de salud, casi nadie se plantea tomar medidas en sus viviendas para reducirlo. Y ello, a pesar de que los españoles conocen los sistemas de aislamiento en ventanas y muros que les haría la vida más confortable.

EL MUNDO

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